Amanece en Monóvar. Amanece en sus campos y sierras. Es una mañana de Mayo, es primavera.
El cielo se presenta despejado, no hay nubes, tan solo en algunos puntos una
ligera neblina difumina un poco el paisaje al mezclarse con los primeros rayos
de sol, que perezosamente va apareciendo por encima de la sierra de El Cid. Ya
antes de aparecer tan benefactor astro y antes de que su cálida luz lo bañe
todo, anda ya el gorrión
común por tejados y calles del pueblo. Sus monótonos chirridos anuncian a los
madrugadores que el día ya esta aquí. Golondrinas y vencejos, verdaderos
acróbatas del vuelo, surcan el espacio, entre edificios, antenas e infinidad de
cables. El estornino negro, que anida y vive en la cavidades de muchos
tejados de Monóvar, se dirige a huertos y campos, en busca de su alimento. En la
periferia, en huertos y jardines, se entremezclan los cantos de verdecillos,
jilgueros y
verderones. Y mientras unos animales inician su
actividad estimulados por la aparición del sol, otros se retiran a recónditos
lugares hasta que caiga de nuevo la noche. Tal es el caso, por ejemplo, de la
lechuza
común (Tyto alba), incansable devorador nocturno de roedores. Los murciélagos, muy
activos alrededor de farolas, desaparecen al llegar el día.
Las calles aparecen silenciosas y desiertas en estos
primeros instantes de la mañana. Es el momento que aprovecha
el amante de la Naturaleza, el amante de la vida, para
escapar de la civilización, aunque sea por unas horas, y
contactar con la natural, con lo que ha sido desde tiempos
inmemoriales, con lo que se nos presenta tal y como es sin
haber sufrido ninguna adulteración por parte del hombre.
Ciertamente, pocas cosas quedan así de puras en estos
tiempos.
En unos cuantos minutos de andadura, el núcleo urbano va quedando atrás. Van
apareciendo pequeñas parcelas de almendros, olivos, variedad de frutales,
plantas de jardín o plantaciones de vid. Los "chalets", se extienden en los
primeros kilómetros de la periferia y una vasta red de caminos se desparrama por
doquier al igual que arterias y venas recorren todo rincón del organismo de un
ser vivo. Siguiendo uno de estos caminos, se pueden observar varias especies de
aves que se han adaptado a estos habitats creados por el hombre. Los citados
fringílidos, andan ocupados en la construcción del nido, eligiendo
preferentemente el almendro para su ubicación. Otro pequeño pájaro, el
carbonero común, anda muy atractivo de rama en rama en busca de los insectos
de que se alimenta. Anda por aquí también alguna que otro curruca. En zonas mas
abiertas el grave canto de la abubilla nos delata su presencia, porque
quien no conoce el "pu-pu-put" que emite este ave de bello plumaje y que le ha
valido su denominación popular. No todo son "bancales" bien cuidados, también
los hay que han sido abandonados años atrás. En ellos, matorrales y arbustos han
ocupado el suelo desprovisto de bosque, campando a sus anchas. Se encuentran por
aquí varias especies de alondras, casi siempre en el suelo, siendo la
cogujada común la mas abundante y conocida de todas. A mayores alturas,
concretamente en las ramas más altas de árboles, matorrales o en cables emite su
tintineante canto el macho del triguero, el mayor de los escribanos,
mientras la hembra no anda muy lejos construyendo el nido
entre la hierba espesa. Alcaudones, mirlos, tarabillas,
mochuelos, etc... pueden ser vistos por estos lugares donde
se han adaptado en los últimos tiempos en un intento de
sobrevivir a las transformaciones que, directa o
indirectamente, sufren por parte del hombre.
Dejando ya los caminos, nos adentramos en el campo abierto,
de matojos de escasa altura y algún que otro árbol disperso.
Multitud de hierbas de un verde intenso se extienden por
doquier, lo que denota que el invierno ha sido lluvioso. En
contraste, el verano que se avecina será con toda seguridad
seco y caluroso in extremis. Siguiendo con el paisaje que se
nos presenta ante la vista, infinidad de florecillas
blancas, amarillas, rojas, azules ... dan una pincelada de
color a nuestros campos. Nuestro calzado se empapa con el
rocío que atenazan como a los pies del caminante. Llega
entonces a nuestra pituitaria emborrachándola, un aroma
fresco y delicioso, desprendido por unas pequeñas flores
blancas y rosáceas, de una pequeña y conocida planta
medicinal, el tomillo.
En puntos muy áridos y pedregosos, vive uno de los tantos visitantes
estivales que, primavera tras primavera, suben desde el África en su mayor
parte, permaneciendo aquí hasta el mes de nuestras fiestas, Septiembre. Se trata
de la collalba rubia y mas rara, la gris. En una montañosa y rocosa,
habita, solitaria, la collalba negra.. Otros visitantes del
verano que podemos ver son el abejaruco común, el colirrojo
real, el papamoscas cerrojillo y el gris, el alzacola,
currucas, la oropéndola, el alcaudón común, el críalo, la
tórtola común, el alcotán, el águila culebrera (Circaetus
gallicus), etc. ...
Poco a poco, nos hayamos a mayor altura, en una zona
intermedia entre las tierras de cultivo y la montaña. Una
zona a la que podemos denominar monte bajo, en el que
predominan los espacios abiertos con pequeñas manchas
boscosas.
Corretean por aquí los que un día fueron abundantísimos conejos, hoy
diezmados, no por los depredadores naturales, sino por un virus introducido por
los humanos, la mixomatosis. También se puede ver alguna que otra liebre y a un
ave muy preciada por los que practican el deporte de la caza, la perdiz común.
Plantaciones de granos y abrevaderos de agua se crean a lo largo de los Cotos
Privados de Caza, señalizados por multitud de paletas blanquinegras. Carteles
que prohiben la búsqueda de caracoles en el periodo de reproducción de la perdiz
vienen a completar una serie de mimos por cuidar los mayores
efectivos posibles de este ave para, llegada la temporada de
caza, liarse a tiros en una fiebre desenfrenada en los
primeros días por ver quien cobra mas piezas lo que conlleva
que, a mitad de temporada, es casi un milagro ver volar a
una perdiz por nuestras sierras.
Otro habitante de estos medios es el mochuelo común,
simpática rapaz nocturna de ojos amarillentos. Al contrario
que la anterior, el mochuelo "no cae" muy bien al cazador
-al igual que todas las rapaces, dicho sea de paso- y el
hecho de ser parcialmente diurno lo lleva a caer en muchas
ocasiones victima de quien no le perdona el que alguna vez
pueda capturar a algún polluelo de perdiz. Sin embargo, no
se le premia la enorme cantidad de insectos y pequeños
roedores que consume.
Hemos llegado a las faldas de una de las tantas montañas que
en un suave abrazo, rodean Monóvar; La Solana, Beties, La
Zafra, el Monte Coto, Salinas ... son algunas de estas
montañas en las que todavía hay zonas de bosque.
En las zonas bajas, en donde empiezan los primeros pinos, un grito
carcajeante de largo alcance denota la presencia del pito real, de
tonalidades verdosas y piteo rojo.
Restringido cada vez mas a la zonas mas tranquilas de nuestras sierras,
podemos sorprender dormitando oculto en un pino, al majestuoso
búho real (Bubo
bubo),
el mayor de los estrígidos, de grandes orejas, bello plumaje
y llamativos ojos anaranjados encendidos. A pesar de esto,
todos los años caen varios ejemplares bajo la escopeta de
gente que dispara a todo lo que le sale al paso o de quien
no puede ver viva a ninguna ave rapaz.
En algunas peñas rocosas, anida el halcón común, representante del
éxito evolutivo. Si bien esto no ha impedido que haya pasado de ser un ave
bastante común a ser cada día mas escasa, casi al borde de la extinción.
Escudriñando las desnudas paredes rocosas que emergen de entre el bosque, en lo
alto de la montaña, observamos que están llenas de vida. Gorriones chillones,
grajillas, chovas piquirrojas, colirrojos tizones, roqueros solitarios, aviones
roqueros, vencejos reales, etc... conforman esa masa de aves que conviven en las
rocas. También varias rapaces utilizan estos habitats en la época de la
reproducción. El cernícalo vulgar es la mas común de todas. Mas escasa es el
águila perdicera y la culebrera. Con un poco de suerte y conociendo un poco su
territorio, podemos distinguir en el cielo una silueta inconfundible, una
silueta de mas de dos metros de envergadura, una silueta que ya no se olvida
después de haberla visto por primera vez... es, como no, la soberbia
águila
real (Aquila chrysaetos), verdadera joya de nuestras sierras y muy escasa a la vez. Pero
volvamos al lugar en donde nos encontramos, a los pies de la
montaña, justo donde empieza el bosque.
Penetramos por una garganta o un barranco y comenzamos la ascensión. Si hemos
leído cual es la vegetación típica del bosque mediterráneo, veremos que encinas,
quejigos, hayas, alcornoques, jaras, coscojas, majuelos, lentiscos, madroños ...
han desaparecido en la mayoría de lugares o se encuentran en forma aislada o
formando pequeñas manchas en las zonas mas recónditas. Su lugar ha sido ocupado
por el pino. De todas formas, es el hábitat con mas variedad de especies
animales y que se distribuyen desde el suelo hasta las copas mas altas. No
obstante, presenta el inconveniente de que la mayoría de las veces, es mas fácil
oír a los animales que verlos. Es muy útil, entonces, conocer el canto de las
aves, pues la mayoría de las veces solo sabremos identificarlas a través de
este. Legiones de pequeños pajarillos, saltan incansablemente de rama en rama en
busca de pequeños insectos. Son el carbonero garrapinos, el
carbonero común
(Parus major), el
herrerillo capuchino y el mito. Trepando por los troncos,
sorprendemos al agateador común y en el suelo del bosque, a
la caza de insectos al mirlo común y al zorzal charlo.
En las zonas boscosas con buena producción de piñas, encontramos al
piquituerto común, de mandíbulas entrecruzadas para poder llegar a los
piñones.
En estos últimos años ha vuelto a aparecer en algunas sierras el arrendajo
común, de mayor colorido que la mayoría de los miembros de la familia a la
que pertenece, los córvidos.
Restos de plumas, egragrópilas y excrementos delatan la presencia de los
cazadores alados del bosque. Entre las rapaces diurnas tenemos al azor, retraído
a zonas boscosas con calveros. Mas pequeño que este, el gavilán y mas
fácil de ver en zonas abiertas, el ratonero común. También
podemos ver fugazmente al rápido y pequeño alcotán.
Al
llegar la noche los animales diurnos dan paso a los
nocturnos. Sale a cazar entonces el búho chico, replica del
búho real, pero de menor tamaño. El cárabo común
(Strix
aluco) es otro
cazador nocturno de nuestros bosques. Mas ligado a
bosquecillos y ruinas, vive el autillo, la mas pequeña de
las rapaces nocturnas.
Ya
en lo alto de la cima, a unos 1000 metros de altura, el aire
es refrescante y puro. Tras unas cuantas inspiraciones para
oxigenar el organismo, echamos un trago del agua que
transporta nuestra cantimplora. Es casi mediodía y aunque
todavía no es verano, lo cierto es que la temperatura es
elevada. Al resguardo e una sombra, sentados, nos disponemos
a contemplar el panorama que se nos presenta a esta altura.
Todo se ve diminuto, una gran maraña de cuadriláteros
dispuestos sin demasiado orden y de una monótona tonalidad
verdosa y ocrácea nos da una idea de la extensión de los
terrenos de cultivo, que se esparcen ahí a donde se dirija
la mirada y que han ido ganándole espacio al bosque, que
busca refugio en las montañas que emergen como si de islas
se trataran, entre un mar de almendros, olivos, vides,
cereales y otros cultivos.
Y
mientras descansamos para recuperarnos del esfuerzo, nuestra
mente entra en funcionamiento y tratamos de imaginarnos como
seria el lugar antes de que la mano del hombre se empezara
notar. Las tierras de cultivo estarían ocupadas por el
bosque mediterráneo y grandes ungulados pacerían
tranquilamente. También nos encontraríamos con poderosos
carnívoros como el lobo, cuyas manadas recorrerían la zona
en busca de sus presas. Otro depredador era el lince
ibérico, felino de gran belleza. El cielo era surcado por
una rapaz un poco mas pequeña que el águila real. Se trataba
de el águila imperial ibérica.
Información extraida
del articulo de Luis Sogorb Mallebrera (Programa de Fiestas
1990)
Jilguero
Verderón Común
Carbonero Común
Triguero
Carbonero
Garrapinos
Herrerillo
Capuchino
Página creada el 01/10/07
y actualizada o revisada el
19/11/2007
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