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» SITUACIÓN
Se levanta sobre una pequeña colina de arcillas abigarradas del Keuper en cuya ladera sur occidental discurre el casco antiguo de la población. La fortaleza se ubica en un montículo privilegiado desde el que se domina la red de fortificaciones que jalona el Vinalopó, con los castillos de Elda, La Torreta (Elda) y Petrer, controlando además la vía de comunicación del corredor Pinoso-Jumilla, que contacta con las salidas naturales hacia el sureste (Murcia-Almería) y hacia Andalucía Oriental (Granada).

Actualmente el castillo se encuentra en estado de lamentable ruina, el tipo de suelo arcilloso en el que se asienta ha generado deslizamientos de tierras y desprendimientos de laderas, en especial en la vertiente sur del cerro, mientras en su ladera norte existen antiguas cuevas para la explotación de yesos que han contribuido en conjunto al progresivo desmoche de las estructuras del castillo. De esta manera el paso del tiempo unido a la acción antrópica a lo largo de los siglos ha favorecido la degradación de la fortaleza medieval y su entorno.

» ASPECTOS HISTÓRICOS
Las primeras noticias documentales las encontramos en la fuentes cristianas de posconquista hacia mediados del siglo XIII, al quedar junto con Chinorla incluida dentro del señorío del Infante don Manuel.

Sin embargo, creemos que la fortaleza tiene un origen islámico posiblemente entre finales del siglo XII primera mitad del XIII, en época almohade. En este momento se documenta la ocupación de este territorio con dos tipos de asentamientos, por una parte un pequeño recinto fortificado en altura, el castillo, y por otro, una alquería situada en el llano, Chinorla.

Ya en época cristiana tras una etapa bajo dominio castellano, a partir de la Sentencia Arbitral de Torrellas (1304) y posterior Pacto de Elche (1305), estas tierras pasan a la Corona Aragonesa, Jaime II da a su consejero Gonzalo García con carácter vitalicio Monóvar, Chinorla y Salinas, completando la donación en 1325 al concederle "el mero y mixto imperio, con la jurisdicción alta y baja". Por su parte este noble caballero renunció a los fueros de Aragón y puso su Baronía bajo la jurisdicción foral del Reino de Valencia. Esta donación con sus privilegios fue confirmada por el rey Alfonso IV en 1328, quién además le concede franquicias para los habitantes, mayoritariamente mudéjares, de sus lugares y villas como recompensa por su renuncia a los fueros de Aragón.

Durante la guerra de los dos Pedros, la proximidad con la frontera de Murcia facilitaba las incursiones del ejército castellano, siendo arrasados y quemados los campos por las fuerzas de Maestre de Calatrava al mando de Don Diego García de Padilla. Firmada la paz entre los reinos de Castilla y Aragón, Pedro IV en 1380, vuelve a confirmar todos los privilegios que los monarcas anteriores le habían concedido al Señor de la Baronía de Monóvar, que ahora era Don Pedro de Maza de Linaza, Señor de Mogente, linaje que comprará años más tarde Novelda y el Castillo de La Mola.

Esta importante familia nobiliaria tendrá el Señorío de Monóvar, con sus tierras y castillo hasta bien entrado el siglo XVI, ya que será Doña Brian Maza la que dio Monóvar a Don Rodrigo de Portugal en 1570, entroncados más tarde con el Ducado de Pastrana, señores de la Baronía de Monóvar y Chinorla, quienes entregaran Carta de Población a los nuevos moriscos (1609), señorío que mantuvieron los duques de Híjar hasta la abolición del régimen señorial en el siglo XIX.

Como hemos podido apreciar por las fuentes documentales son escasísimas las referencias concretas al castillo de Monóvar, a pesar de su importancia en la línea de frontera con el Reino de Murcia, aunque teniendo en cuenta que se trata de una fortaleza pequeña, sólo albergaría al alcaide y a una pequeña guarnición en momentos de máximo peligro. Por otro lado también es cierto que no se ha realizado un vaciado de los registros documentales de las casas nobiliarias que ostentaron el Señorío de Monóvar, sus tierras y castillo, de ahí que se desconozca hechos concretos de esta fortaleza.

Todo ello motiva que no conozcamos el momento de su abandono definitivo, que creemos se produciría en la últimas décadas del siglo XVI, momento en el que se está consolidando el Estado Moderno implantado por los Reyes Católicos, quedando ya lejanos los enfrentamientos entre los señores territoriales y siendo nulas las posibilidades de sublevación de los moriscos en estos valles.

» ASPECTOS ARQUEOLÓGICOS
La fortaleza ocupa la cima de un pequeño cerro, su planta es de forma poligonal adaptada al relieve con restos de un cubo cuadrangular en saliente en la vertiente este y una torre cuadrangular de tapial al noroeste, actualmente desmochada. El lienzo de muralla que rodea todas las vertientes es de mampostería, desaparecida en alguno de sus tramos con una altura máxima de su parámetro en su ladera norte y este entre 2 y 3 metros, mientras que los tramos de la vertiente oeste y sur sólo conservan una altura de 1 a 1,5 metros.

Presumiblemente el acceso principal al recinto fortificado estaría situado al mediodía, siendo la torre el elemento arquitectónico más significativo. Actualmente sólo queda en pie tres de sus cuatro lados y presenta una altura máxima de unos 7 metros con un zócalo de mampostería de unos 3 metros, siendo la parte superior de fábrica de tapial. El grosor de sus muros es de 1,20 metros, delimitando un espacio inferior de 25 m². En la cara oeste de la torre se observa un ventanal abocinado desde su interior, que ha sido parcialmente sellado en época relativamente reciente. Las características y textura del lienzo de tapial nos recuerda las construcciones de posconquista (siglo XIV), época en la que creemos que fue reformada esta torre.

La superficie interior del recinto amurallado es de unos 900 m², detectándose solamente el afloramiento de muros de yeso con relleno arqueológico en el área sur-suroeste, no apreciándose material cerámico en superficie, aunque si que detectan pequeñas catas, probablemente clandestinas, realizadas hace varios años, no obstante creemos que este recinto albergaría una serie de elementos arquitectónicos que definirían estancias de habitación, así como construcciones hidráulicas, aljibe, desagües, etc. No teniendo conocimiento de que se haya realizado ningún estudio arqueológico de esta fortaleza.

» CONCLUSIONES
A tenor de todo lo expuesto debemos señalar que el castillo de Monóvar es un pequeño recinto fortificado posiblemente de época almohade que sirvió de enclave defensivo y estratégico para cerrar el valle de Elda por su área oriental. A diferencia del resto de fortificaciones del Vinalopó es una fortaleza más simple, aunque sigue las pautas de los poblados fortificados almohades como el Castillo de Novelda o el de Petrer. Su estructura se adapta perfectamente a la orografía del lugar, con una planta poligonal y la utilización de tapial en algunos de sus lienzos, actualmente muy arrasados y con diferentes añadidos posteriores.

Este pequeño enclave fortificado en época islámica estaría directamente vinculado con la alquería de Chinorla, a la que serviría de refugio en momentos de peligro. En dicho asentamiento rural sí que se ha documentado material propiamente almohade (siglos XII-XIII), como son fragmentos de ataifores vidriados en verde, jarritas con decoraciones en manganeso, fragmentos de tinajas y alcadafes. Así como también se ha registrado material cerámico de época bajomedieval cristiana, sirva de ejemplo los fragmentos de escudillas vidriadas en blanco con decoración de verde y manganeso de Paterna, candiles de pie alto, fragmentos de cuencos, ollas y cazuelas vidriados al interior en melado. Todo este conjunto material nos lleva a plantear que la alquería de Chinorla quedaría despoblada a finales del siglo XIV, posiblemente como consecuencia de la guerra de los dos Pedros y de las frecuentes incursiones de la caballería nazarita, que provocaría una cierta inestabilidad socioeconómica en la zona obligando a la emigración de parte de la población mudéjar hacia los núcleos urbanos, o incluso hacia el Reino de Granada.

A partir de la conquista cristiana el castillo es reformado como se desprende de la utilización más generalizada de la mampostería y del yeso de sus paramentos. Pero continúa siendo un enclave defensivo dentro de la estructura feudal de los castillos y tierras señoriales de los valles del Vinalopó. La fortaleza serviría de albergue a una guarnición cristiana que controlaría a la población mudéjar y posteriormente morisca que se asentaba en la ladera sur occidental del castillo.

A finales del siglo XVI posiblemente se produce el abandono poblacional del recinto fortificado, siendo a partir de ese momento tanto las inclemencias climatológicas como la acción antrópica las que han ido degradando poco a poco las estructuras del castillo, llegando hasta nosotros visiblemente desmochado.

Información extraída del articulo de
Concepción Navarro Poveda y José Ramón Ortega Pérez Poveda (Programa de Fiestas 1997)

 



 


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