En Monóvar en las primeras
décadas del siglo XVIII un pueblo con un término de cuatro
leguas compuesto de mas de 200 casas y habitado por mas de
tres mil personas, las cuales solo tenían para su asistencia
espiritual a un cura párroco y un vicario, que lógicamente
no podían cubrir las necesidades espirituales de la
población. Teniendo como telón de fondo esta dramática
situación, hacia 1728 llegan casualmente a la villa dos
frailes capuchinos preguntando si había allí alguien que les
pudiese albergar, hospedándose finalmente en el hospital,
refugio de peregrinos e indigentes. Quiso el azar que ese
mismo día por la tarde se requiera la urgente presencia de
un religioso para consolar a un moribundo y, ante la
ausencia del mismo, fueron estos capuchinos quines
ofrecieron sus servicios sin pedir nada a cambio.
La caridad de los frailes
Capuchinos, da lugar a que se establezca una relación de
gratitud de los vecinos hacia esta Orden y solicitan su
asistencia en cuaresma y fiestas, tanto es así que la villa
desea que se establezcan en Monóvar y tanto el párroco como
el Ayuntamiento, intuyendo que la presencia perpetua de
estos frailes podía paliar la situación, insisten ante el
Provincial de la Orden para conseguir un hospicio regular en
Monóvar. En consecuencia, el P. fray Luís de Flandes, en
carta de 26 de agosto de 1729, solicita al Duque de Hijar
licencia para la fundación de un hospicio y le ofrece el
Patronato perpetuo del mismo quien, previamente informado de
la precaria situación de los fieles, no duda en conceder en
fecha 10 de diciembre de 1729 y propone que la advocación se
la Virgen del Pilar, para lo cual ofrece una imagen de dicha
Señora. Por su parte, la diócesis de Orihuela concede
también su permiso el día 22 del mismo mes de la mano de su
obispo D. Joseph Flores de Osorio.
Así pues, el día de Navidad de
ese mismo año la Justicia y Regimiento de la villa conceden
a Fray Anselmo de Alicante, comisario especial para este
efecto, a Fray Agustín de Muro, a Fray Diego de Albaida, a
fray Félix de Albaida, a Fray Joseph de Monóvar y a Fray
Joseph de Monforte, una casa-habitación con conducto de agua
cerca del Monte Calvario lindante con la de Juan Ripoll, que
la villa compró cuatro días después por doscientas cuarenta
y una libras moneda corriente a Gerónimo Pujalte, vecino de
Monforte casado con Vicenta Navarro natural de Monóvar, y de
la que tomaron posesión pacíficamente haciendo salir de ella
a Bautista Ferreras y a Pedro Juan Silvestre y sus familias
moradores en ella.
Sin embargo, las dificultades
no tardaron en llegar, los primeros en protestar fueron los
P.P. Observantes del Convento de Elda quienes el día de San
Esteban se presentaron en Monóvar para expresar su malestar
respecto de la posesión y a los que siguieron los religiosos
Alcantarinos del Convento de Orito. Las quejas se elevaron
tanto al gobernador de Monóvar como al obispo de Orihuela
llegando incluso a recurrir ante la Real Audiencia de
Valencia de la que finalmente consiguen el Decreto de 25 de
febrero de 1730, por el que se obliga al alcalde, bajo pena
de 20.000 maravedís, a expulsar a los religiosos Capuchinos
de la villa por no tener permiso alguno para establecerse en
ella. Los frailes tuvieron tres días para abandonar la
población.
A partir de ese momento
comienza una lucha incansable de las autoridades de la
época, Clero, Regimiento, Justicia y el mismo pueblo llano,
para conseguir el Real Decreto que permitiera establecer en
Monóvar un Convento de la Orden de los Capuchinos. Realmente
debía ser imperiosa la necesidad y sobre todo la impotencia
del Rector de la Parroquia, D. Lucas Mas, ante la
precariedad de personal religioso para cubrir las
necesidades espirituales de esta población tan numerosa a la
que no podía consolar en Cuaresma y festividades, ni tampoco
ayudar a bien morir y a la educación y enseñanza de la
doctrina cristiana, quien el 22 de septiembre de 1732
solicita, tras haberlo hecho numerosas veces, una fundación
de diez o doce capuchinos.
Por su parte, los señores
regidores de la villa, siendo alcalde mayor Francisco Miguel
Navarro, otorgan poder en 11 y 19 de octubre de 1733 a D.
Jayme de Silva Fernández de Hijar y a Pedro Hernández
procurador y vecino de Orihuela, respectivamente, para que
consigan el permiso y licencia correspondiente para la
fundación del Convento; el primero, ante su Majestad y
Señores de su Real Consejo; el segundo, ante el obispo, su
santidad y su nuncio apostólico. Dos años mas tarde será el
Padre Fran Sebastián de la Puebla, predicador capuchino y
procurador de las Reales Provincias de España, residente en
Madrid, a quien la Justicia y Regimiento de la villa otorgue
poder para conseguir el R.D. de su Majestad. Por su parte,
D. Lucas Mas no cesa en su insistencia a las autoridades
acerca de la necesidad de la Fundación.
Así transcurren mas de 12 años
de lucha hasta que por fin el obispo de la Diócesis D. Juan
Elías de Terán y la Santa Congregación de Cardenales están
dispuestos, a pesar de la oposición de los Padres
Observantes y Descalzos, a expedir el permiso una vez lo
haya hecho el Rey. Por fin, en Madrid, el 21 de junio de
1742 el Rey Felipe V concede licencia gracias a las
gestiones de Fray Francisco de Tarancón, y dispone que sea a
expensas de las limosnas voluntarias y de particulares y
prohibe que nadie alterase ni impidiese la Fundación. Un mes
mas tarde, el obispo otorga la licencia prometida. Y sin
delación alguna comienzan las Capitulaciones entre el
Justicia y Regimiento de la villa con el Reverendo Rafael de
Torreblanca, Calificador del Santo Oficio y Guardián del
Convento de Santa María Magdalena, para fijar las mutuas
condiciones en la fundación del Convento, que de groso modo son
las siguientes: ◊ Que el Patronato perpetuo del
Convento e Iglesia lo ostente D. Isidro de Fadrique
Hernández de Híjar. ◊ Que esté bajo la tutela y
patrocinio de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza cuya
milagrosa imagen se ha de colocar en la capilla y altar
mayor y se provean dos lámparas que al estilo capuchino
deberán lucir delante del altar mayor. ◊ Obligación de los P.P.
Capuchinos de atender espiritualmente a los fieles y rezar y
venerar a la Virgen del Pilar, y que, una vez esté
construida la nueva iglesia y convento, han de dejar libres
las casas tomadas de alquiler a disposición de la villa. ◊ Que el conde-duque ha de tener
silla de respaldo en la capilla Mayor al lado del Evangelio
y los señores capitulares del Consejo, Justicia y Regimiento
han de tener sus escaños en la mencionada capilla mayor, y
han de ser recibidos en la puerta por el Reverendo P.
Guardián y su Comunidad. ◊ Que los PP. Capuchinos tiene
obligación de asistir a las procesiones generales y a las del
Corpus Christi, Nuestra Sra. del Remedio, San Roque y Santa
Catalina patronos de la Villa. ◊ Que la Cuaresma ha de
conferirse a los religiosos Capuchinos por la cantidad de
cincuenta libras cada año. ◊ Que se les conceda un caño de
agua igual a cualquier de los que corren en las fuentes de
la villa para el cultivo de la huerta para su consumo y de
sus bienhechores. ◊ Que como ayuda a la
manutención de la enfermería se paguen cuarenta libras
moneda corriente de este reino en cada año por la Navidad,
teniendo como contrapartida que enviar un sacerdote todos
los domingos y días de precepto a decir la misa de las once. ◊ Es requisito que el Guardián
del Convento guarde y cumpla estos capítulos, de otra forma
quedaría sin efecto la posesión.
Al día siguiente de la firma
de esta capitulaciones el P. Fray Rafael de Torreblanca
siguiendo las instrucciones del Comisario P. Fray Francisco
de Vinaroz Maestro Provincial de los misioneros capuchinos
quien se encuentran al otro extremo de la provincia y le es
imposible acudir, asistido de los demás reverendos Fray
Buena Ventura de Onteniente, P. Pedro de Almenara, Fray
Joaquín de Petrel, Fran Agustín de Muro, P. Ignacio de
Chulilla, Fray Juan Bautista de Masamagrell, Fray Cristóval
de Masamagrell, Fray Joaquín de Ollería, Fran Francisco de
Moncófar, Fray Félix de Albaida, Fray Marcos de Petrel, Fray
Fidel de Albarracín y Fray Miguel Ángel, Fray Gaspar, Fray
Carlos y Fray Basilio de Monóvar, Fray Antonio de Ollería,
Fray Joseph de Castellón, Fray Matías de Catarroja y los
Hermanos Ambrosio de Murcia y Antonio de Onteniente, acuden
todos juntos hacia las seis de la mañana a la Sala Capitular
para acompañar a los señores del Consejo, Justicia y
Regimiento a la nueva iglesia para tomar posesión del
Convento y casas prevenidas hasta ahora. Una vez allí
situados en los asientos destinados para ellos, D. Thomas
Pérez y Guerau, rector vestido con capa pluvial de la Cruz
de la Parroquia, acompañado de otras autoridades
eclesiásticas, comenzó el ritual tal y, como en escritura
publica refleja el notario D. Joseph Mira presente para dar
fe de lo que allí ocurría.
La Fundación ya era una
realidad, sin embargo faltaba por encontrar el lugar
adecuado para establecer físicamente el convento definitivo,
pues recordemos que hasta el momento los PP. Capuchinos se
albergaban temporalmente en dos casas tomadas de alquiler.
El propio Duque de Hijar promovió con celeridad el asunto.
Todo apuntaba a la ubicación en le llamado Monte Calvario
del cual existía una tasación realizada, de orden del
alcalde mayor D. Manuel Thomas Neri Villarroel, por Juan Payá, Pascual Rico y José Reig, pero un "fiel vasallo"
remite al duque un informe anónimo acerca de los
inconvenientes de dicha ubicación y le expone la posibilidad
de que se escogiese un emplazamiento situado mil pasos atrás
del anterior en unos bancales de realengo llamados "del
Espejo" exentos del impuesto de Pecho que no causarían
perjuicio ni a su patrimonio ni a sus vasallos. Como
consecuencia el duque solicita al alcalde un informe oficial
acerca de dichos terrenos que le permita analizar los pros y
contras de ambos lugares. En fecha 24 de julio de 1743, se
realiza un informe firmado por Pascual Rico, Silvestre
Esteve, Juan Payá, Francisco Hurtado y Joseph Reig, en el
que se refleja claramente los inconvenientes de la ubicación
en el Espejo: la pendiente del terreno obligaría a allanarlo
y sería muy costoso, la calidad de la tierra era adecuada
para olivar pero incompatible con el regadío del huerto, no
tenía agua, pasaba por medio una vereda de ganado que habría
que condenar y, además, para evitar cualquier duda provocada
por el informe anónimo, los olivares del espejo resultaban
pecheros. Así pues, el 2 de octubre de 1743, el duque
determina como lugar definitivo el Monte Calvario que
constaba de los siguientes pedazos: 2 piezas de tierra de
Joseph Albert de Joseph; 8 suertes de olivar sin derecho a
agua pertenecientes dos a Juan Albert de Joseph, dos a
Isidoro Verdú, dos a Pedro Ruiz, una a Juan Verdú Baltasar y
otra a Joseph Berenguer de Francisco; 1 suerte de huerto con
derecho a agua; y un pedazo de bancal, para cuadrar la obra,
de Pedro Ruiz. Todo esto cuadro lindaba con tres calles y
con la casas de Juan Ripoll, dato que confirma que el nuevo
Convento venía a ser una ampliación del antiguo hospicio,
dado que los lindes coinciden con los de la primera casa que
la villa adquirió a Gerónimo Pujalte en 1729 para ceder a
los Capuchinos.
Diez días más tarde, el 12 de
octubre de 1743, habiéndose celebrado unas solemnes fiestas
y vísperas, se hizo una procesión llevando las imágenes de
la Virgen del Pilar, San Antonio y San Francisco hacia el
Monte Calvario y, en nombre del Duque de Hijar, el P.
Provincial Fray Francisco de Vinaroz puso la primera piedra
y sobre ella clavó una cruz y dio la bendición a todo el
lugar delineado de lo que iba a ser el futuro convento,
iglesia, oficinas y huerto de los Capuchinos. Acudieron al
evento el alcalde mayor de la Villa D. Manuel Thomas Neri
Villarroel, los señores del Consejo, Justicia y Regimiento,
D. Tomás Pérez y Guereau, cura rector de la parroquia, el
reverendo P. Fray Gregorio de Vez, guardián del convento del
Pilar y otras autoridades eclesiásticas, acompañados de una
gran multitud de vecinos.
Rápidamente comenzaron las
obras con la colaboración del pueblo, pero el convento no
pudo estar terminado hasta 1756. Pocas noticias tenemos
acerca del nuevo convento pero lo cierto es que las
dimensiones y grandiosidad de la obra escandalizaron a más
de un religiosos capuchino acostumbrado a la humildad y
sencillez de sus iglesias. La iglesia, de cruz latina,
poseía numerosas capillas y altares ricamente decorados con
exquisitas obras de arte: lienzos, retablos, tallas y
esculturas. Así lo demuestra la visita que el Provincial
General de la Orden, Pablo Colindres realizó al Convento, y
tras la cual dejó escrito que no se hicieran templos de
tales características; la iglesia se tapio para dejarla en
su mitad hasta 1804 en que, derribados los tabiques; se
restauró totalmente.
Siguieron unos años de
verdadero esplendor para el Convento de Monóvar, en 1764,
siendo el Guardián el Padre Andrés de Valldigna, se creó la
Casa de Seminario para misiones y a partir de 1770 fue
también, en repetidas ocasiones, Casa Custodial. Fue tal en
influjo de la orden Capuchina en nuestra ciudad, que
cuarenta monoveros ingresaron e ella y ocuparon puestos de
gran relevancia. Es el caso de Fray José (1827-1915), doctor
en Derecho Civil y Canónigo, teólogo de la Colegiata de
Alicante, llegó a ser Definidor y Vicario Provincial, Fray
Vicente (1699-1776)m gran consejero y confesor, quien antes
de su ingreso había ejercido la medicina, y Fray Tomás
(1798-1811), lector de Teología, Definidor y Cronista de la
Orden.
Durante los años de la Guerra
de la Independencia, con la llegada de Fernando VII y de
Cortes de Cádiz comenzó un periodo crítico para la
estabilidad del Convento, llegando a ser encarcelados los
frailes en 1818. Dos años más tarde pudieron regresar y
mantenerse en él, no sin ciertas dificultades, hasta la
desamortización. Con fecha 1 de octubre de 1835 el párroco
D. Vicente Asensio redacta el inventario de bienes del
Convento que pone a disposición del Administrador de
Arbitrios de Amortización del partido de Alicante Juan
Bautista Lafora y cuya relación, por lo interesante, merece
el protagonismo de un nuevo estudio.
El 14 de agosto de 1841, el
edificio Ex-convento con su iglesia fue concedido al
Ayuntamiento de la Villa de Monóvar para establecer cárcel
pública, escuelas y parroquia.
Información
extraída
del articulo de
Alicia Cerdá Romero y Consuelo Poveda Poveda (Programa de Fiestas
1998)
Página creada el 01/10/07
y actualizada o revisada el
10/12/2007
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